Dos.

Septiembre 22, 2009 por aifilgud

Decidida a prestarle especial atención (y dedicación) a los placeres cotidianos, me puse a pensar en qué puedo hacer hoy. Para los que no están en Rosario, les cuento que esta ciudad, contradictoria por naturaleza, decidió recibir la primavera con nada mas ni nada menos que lluvia, más lluvia, y un poco mas de lluvia, como es ya su tradición anual.

 

En este caso, este día, por la constante nube gris en la que se transformó el cielo, podría tranquilamente ser domingo y así nos dedicaríamos lisa y llanamente a tirarnos debajo de un tren. Pero no. Voy a hacer que el clima actúa para mi beneficio.

Debo previamente aclarar que voy a caer en un cliché: cama – película – chocolate. Un tremendo morocho, no necesariamente hermoso pero con muchísima onda y labios carnosos sería el complemento ideal, lo sé. Pero más vale concentrémonos en conseguir cosas de fácil alcance, que no salgan más de 10 pesos, que las pueda conseguir en un radio no mayor a 2 cuadras o mejor aún por delivery, y que no nos hagan volvernos locas al día siguiente preguntándonos por qué no nos llama, o si fui demasiado fácil, o si se habrá dado cuenta de que mis piernas no estaban perfectamente depiladas. (se entiende que el principal motivo es que voy a apuntar a cosas accesibles y económicas, ¿no? Si el morocho contara con las condiciones anteriormente mencionadas, bienvenida sea la locura del día posterior).

 Algo tan simple como tirarse en la cama (o sofá, no voy a ser tan intransigente) a mirar un película, hoy por hoy implica que le dedique unos segundos mas de preparación que de costumbre. Después de todo, el bienestar trae alegría; y la alegría, entusiasmo. No nos olvidemos que ese es nuestro objetivo principal.

Si bien no es mi caso (al fin una buena), mi relación con amigas mujeres me hizo tomar consciencia de la temible obsesión de algunas por el peso. Gordas, flacas, delgadas, obesas. No importa, el 80% de las mujeres se cuida con las comidas y muchas de ellas hasta experimentan culpa cuando se permiten ese instante de éxtasis gastronómico de llevarse un chocolate a la boca. (para las mujeres que lean esto, saben que es así. Para lo hombres, sépanlo, es triste pero real).
Pero bien, lo que propongo en una tarde como hoy (en realidad lo propongo para todos los días, pero no pretendo cambiar mentalidades radicalmente mediante un simple blog) es darle luz verde a la autoindulgencia. Marroc, Bon o bon, alfajores triples. Elijan el que quieran, o elijan todos. Es altamente recomendable entrar a un kiosco tratando de recordar la sensación que teníamos cuando éramos chiquitas, y la emoción era comparable a la de entrar hoy por hoy a un local de ropa con una orden de compra.

 Segundo paso: la película. Y en este punto aclaro que una película es infinitamente mejor opción que la tele. Seamos sinceras, la televisión de la tarde no nos ofrece mucho más que novelas brasileras, peleas de vedettes en programas de chimentos o, lo que es peor, programas en VH1 o E Entertainment que se piensan que realmente nos importa saber en qué gastan las “celebriries” todos sus millones. ¡¿Cuándo lo van a entender?! ¡Eso no es entretenimiento! Es simplemente una manera cruel de refregarnos en la cara que nosotras tenemos que esperar las ofertas en los locales del centro mientras Britney Spears se compra un Armani. (Que ni siquiera es para ella, sino para su perro chihuahua, por supuesto).

 Película.
Si el estado cardíaco lo permite, una de terror es genial para los días de lluvia.
Y una romántica, si lo permite el estado civil. No quiero nada que me recuerde que hace tanto tiempo que no tengo sexo que estoy empezando a preguntarme si se hará igual que como lo recuerdo.

Decidido entonces, me alquilo una de terror.

 

Recomiendo evitar:

-Cualquier película argentina que tenga nombres como “Mi papá es el mejor”, “Mi novio es un ídolo”, “La pareja desopilante” (de hecho, ninguna que alguien si quiera describa como “desopilante”), etc, etc. En esta categoría también entran esas películas cuya propaganda sale en canal 5, con una camara a la salida del cine, y gente diciendo que se “mató de la risa” y contando sus escenas preferidas.
-Películas en las que el gag más gracioso sea una caída.
-Películas en las que actúe Sandra Bullock.
-Películas de Europa del Este en las que cámara encuadra y sigue los pasos del personaje subiendo 345 escalones. Uno a uno. (Aclaración: amo el cine independiente y el cine fuera de Hollywood, he encontrado obras de arte maravillosas que se encuentran entre mis preferidas. Y también he encontrado escenas como la anteriormente descripta. No era un ejemplo, es real, y me impidió quedarme despierta hasta el final, creo que en el escalón 92 me venció el sueño).

 Hay una sola cosa más por considerar. Y lo digo muy clarito para que no haya errores: el-celular-se-apaga. No nos olvidemos que esto no es para “pasar la tarde”, es un momento para disfrutar con una misma.

 Almohadones cómodos; chocolates en mano; y luz, cámara, acción!

Uno.

Septiembre 22, 2009 por aifilgud

Una vez leí una frase que dijo Winston Churchill hace mucho tiempo. Decía que “el éxito es la habilidad de pasar de un fracaso a otro con entusiasmo”.

No pude evitar ponerme a pensar en el concepto de entusiasmo. En cómo una visión entusiasta de determinado hecho (o de sucesivos hechos) puede lograr que una vea su propia vida como un amoroso éxito o bien como constantes fracasos. Lo que me lleva a un dilema mental aún más profundo: ¿cómo se logra? ¿De dónde se saca? ¿Dónde se compra? ¿Quién me lo regala?

Querido Papá Noel: Fui una nena muy buena (no se si tanto, pero no tiene por qué saberlo, ¿no?), así que este año espero me traigas este regalo tan ansiado: Entusiasmo. A las 12 en punto voy a ir corriendo al árbol de Navidad, y espero encontrar una caja con un moño grande, y cuando lo abra, espero que esté este regalo que, aparentemente hace que nos sintamos exitosos sin importar los parámetros con los que el común de la gente suele medirlo.

Bien, conclusión número 1: nadie puede regalármelo. Cuando me di cuenta de esto, entendí que lo principal para encontrarlo es simplemente saber donde buscarlo. Básicamente para encontrarlo mas rápido, sí. Pero también para evitar las nefastas e infernales desilusiones. Papa Noel ya me trajo una desilusión una vez cuando el mundo enteró se complotó para hacerme creer que de verdad existía. Dos veces no caigo.

Conclusión número 2: Mas que una conclusión es una proyecto. Una meta. Me propongo encontrar todas esas cosas que me conviertan en una persona entusiasta. No es que sea una depresiva ni mucho menos. Pero en fin, convengamos que hay un largo trecho entre no ser depresiva y llegar al grado de entusiasmo del que nos hablaba Churchill. Podríamos decir que estoy en el medio. O bueno, un poco mas hacia un lado. O hacia el otro…depende…

(nota mental: tomar consciencia de que mi ambivalencia es casi mi única constancia)

De más está decir que espero que acá no haya malas interpretaciones. Ni por un segundo tomar esto como un blog de autoayuda. Y principalmente por una razón: los blogs ( o libros, eso que la gente leía hace no mucho tiempo atrás) de autoayuda estan en el 99, 99% de las veces escritos por alguien que “supuestamente” encontró la clave de la felicidad, y se muere de ganas de compartirlo con el mundo. No, no lo hacen por las regalías, claro, simplemente son tan pero tan buenos que no se aguantan las ganas de compartir sus descubrimientos con el resto de los infelices mortales.
Creo que ya no hace falta que aclare que yo no soy uno de ellos.

Permítanme presentarme: Soy mujer, tengo casi 30 años (dije CASI!). Soltera, y te digo más, sin candidato a la vista. Tengo un trabajo que me apasiona, aunque no llena ni medio tanque en mi cuenta bancaria. No, perdón. Quise decir que es un trabajo que me reditúa lo suficiente como para poder darme todos mis gustos y hasta darle los gustos a mis allegados, pero no me llena espiritualmente. Ah, no, perdón. Me parece que no estoy siendo clara. Odio mi trabajo y encima gano una miseria. Listo, lo dije. Ahora sí quedó claro.
Esperen, no termina ahí. Hace unos meses tuve que volver a casa de mis padres. (Les dije ya que tengo casi 30, ¿no?).

Aclaro que no estoy regodeándome en mi propia miseria. Simplemente quiero recalcar dos cosas: claramente no soy una escritora de autoayuda que encontró el secreto de la felicidad y el éxito. Y la otra es que, a pesar de todo, sí estoy más que dispuesta a encontrar el entusiasmo. Es más, en este último tiempo lo encontré muchas veces hasta sin haberlo buscado. Pero como dije antes, mi meta es no conformarme. No parar hasta que mi entusiasmo sea lo suficientemente potente como para que Churchill esté orgulloso de mí.
Bueno, quizás exageré.
Vamos paso a paso. Yo se que puedo decirlo de manera simple: ME VOY A DEDICAR A BUSCAR ESAS COSAS DIARIAS QUE PODEMOS HACER PARA AUMENTAR LOS MOMENTOS DE FELICIDAD.

Eso. Tomenme la palabra.