Decidida a prestarle especial atención (y dedicación) a los placeres cotidianos, me puse a pensar en qué puedo hacer hoy. Para los que no están en Rosario, les cuento que esta ciudad, contradictoria por naturaleza, decidió recibir la primavera con nada mas ni nada menos que lluvia, más lluvia, y un poco mas de lluvia, como es ya su tradición anual.
En este caso, este día, por la constante nube gris en la que se transformó el cielo, podría tranquilamente ser domingo y así nos dedicaríamos lisa y llanamente a tirarnos debajo de un tren. Pero no. Voy a hacer que el clima actúa para mi beneficio.
Debo previamente aclarar que voy a caer en un cliché: cama – película – chocolate. Un tremendo morocho, no necesariamente hermoso pero con muchísima onda y labios carnosos sería el complemento ideal, lo sé. Pero más vale concentrémonos en conseguir cosas de fácil alcance, que no salgan más de 10 pesos, que las pueda conseguir en un radio no mayor a 2 cuadras o mejor aún por delivery, y que no nos hagan volvernos locas al día siguiente preguntándonos por qué no nos llama, o si fui demasiado fácil, o si se habrá dado cuenta de que mis piernas no estaban perfectamente depiladas. (se entiende que el principal motivo es que voy a apuntar a cosas accesibles y económicas, ¿no? Si el morocho contara con las condiciones anteriormente mencionadas, bienvenida sea la locura del día posterior).
Algo tan simple como tirarse en la cama (o sofá, no voy a ser tan intransigente) a mirar un película, hoy por hoy implica que le dedique unos segundos mas de preparación que de costumbre. Después de todo, el bienestar trae alegría; y la alegría, entusiasmo. No nos olvidemos que ese es nuestro objetivo principal.
Si bien no es mi caso (al fin una buena), mi relación con amigas mujeres me hizo tomar consciencia de la temible obsesión de algunas por el peso. Gordas, flacas, delgadas, obesas. No importa, el 80% de las mujeres se cuida con las comidas y muchas de ellas hasta experimentan culpa cuando se permiten ese instante de éxtasis gastronómico de llevarse un chocolate a la boca. (para las mujeres que lean esto, saben que es así. Para lo hombres, sépanlo, es triste pero real).
Pero bien, lo que propongo en una tarde como hoy (en realidad lo propongo para todos los días, pero no pretendo cambiar mentalidades radicalmente mediante un simple blog) es darle luz verde a la autoindulgencia. Marroc, Bon o bon, alfajores triples. Elijan el que quieran, o elijan todos. Es altamente recomendable entrar a un kiosco tratando de recordar la sensación que teníamos cuando éramos chiquitas, y la emoción era comparable a la de entrar hoy por hoy a un local de ropa con una orden de compra.
Segundo paso: la película. Y en este punto aclaro que una película es infinitamente mejor opción que la tele. Seamos sinceras, la televisión de la tarde no nos ofrece mucho más que novelas brasileras, peleas de vedettes en programas de chimentos o, lo que es peor, programas en VH1 o E Entertainment que se piensan que realmente nos importa saber en qué gastan las “celebriries” todos sus millones. ¡¿Cuándo lo van a entender?! ¡Eso no es entretenimiento! Es simplemente una manera cruel de refregarnos en la cara que nosotras tenemos que esperar las ofertas en los locales del centro mientras Britney Spears se compra un Armani. (Que ni siquiera es para ella, sino para su perro chihuahua, por supuesto).
Película.
Si el estado cardíaco lo permite, una de terror es genial para los días de lluvia.
Y una romántica, si lo permite el estado civil. No quiero nada que me recuerde que hace tanto tiempo que no tengo sexo que estoy empezando a preguntarme si se hará igual que como lo recuerdo.
Decidido entonces, me alquilo una de terror.
Recomiendo evitar:
-Cualquier película argentina que tenga nombres como “Mi papá es el mejor”, “Mi novio es un ídolo”, “La pareja desopilante” (de hecho, ninguna que alguien si quiera describa como “desopilante”), etc, etc. En esta categoría también entran esas películas cuya propaganda sale en canal 5, con una camara a la salida del cine, y gente diciendo que se “mató de la risa” y contando sus escenas preferidas.
-Películas en las que el gag más gracioso sea una caída.
-Películas en las que actúe Sandra Bullock.
-Películas de Europa del Este en las que cámara encuadra y sigue los pasos del personaje subiendo 345 escalones. Uno a uno. (Aclaración: amo el cine independiente y el cine fuera de Hollywood, he encontrado obras de arte maravillosas que se encuentran entre mis preferidas. Y también he encontrado escenas como la anteriormente descripta. No era un ejemplo, es real, y me impidió quedarme despierta hasta el final, creo que en el escalón 92 me venció el sueño).
Hay una sola cosa más por considerar. Y lo digo muy clarito para que no haya errores: el-celular-se-apaga. No nos olvidemos que esto no es para “pasar la tarde”, es un momento para disfrutar con una misma.
Almohadones cómodos; chocolates en mano; y luz, cámara, acción!